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Tasmania, Australia 

Tasmania, Australia

Tasmania es uno de esos pocos lugares en los que aún se puede respirar aire puro, aún se puede beber directamente de los ríos y aún existen playas desoladas y naturaleza abundante. Es el destino ideal para aquel que quiere alejarse del mundo en un país desarrollado.

A Melisa y a mi siempre nos han gustado los lugares lejanos y extraños y en ésta oportunidad fue el turno de visitar Tasmania. A pesar de lo cliché que pueda sonar muchos recordarán este nombre por el famoso dibujo animado, pero más allá de eso permítannos contarles nuestra experiencia.

Teníamos únicamente cuatro días para conocer ésta interesante isla localizada en el extremo sur de Australia, posiblemente uno de los lugares más alejados del mundo, a solo 2500 kilómetros de distancia de la Antártida, de hecho, de éste lugar es desde donde salen la mayor parte de expediciones hacia éste continente y es la base de la Australian Antarctic Division.

Ante la poca disponibilidad de tiempo para conocer una isla tan grande, debido a nuestro itinerario posterior en el continente, decidimos buscar los que nos parecieron los tres puntos más interesantes de Tasmania: Cradle Mountain, Wineglass Bay y Maria Island fueron los puntos que propusimos como los imperdibles de Tasmania.

Tasmania es uno de esos pocos lugares en los que aún se puede respirar aire puro, aún se puede beber directamente de los ríos y aún existen playas desoladas y naturaleza abundante. Es el destino ideal para aquel que quiere alejarse del mundo en un país desarrollado.

Día 1: Road Trip

Al llegar al aeropuerto de Hobart, capital de la isla, a primera hora de la mañana, lo primero que notás es el aire puro y la posibilidad de ver el horizonte a kilómetros de distancia, bajando por la escalerilla del avión hacia la pista para ingresar a la terminal aérea y buscar nuestro rent-a-car.

Una vez en carretera nos esperaba un viaje de 5 horas hasta el punto más alejado de nuestro itinerario, Cradle Mountain. A los pocos minutos se sale de Hobart y se nos empezó a abrir el campo Tasmano, luego de lo cual comenzamos a vivir en carne propia lo que es un país casi despoblado (Tasmania tiene una de las densidades poblacionales más bajas del mundo: 2 personas por cada Km2 versus, por ejemplo, Costa Rica con 97 personas por cada Km2.).

Con un pueblito pintoresco, limpio y ordenado cada 50 o 100 kilómetros, la primera impresión fue bastante positiva pasando de pueblo en pueblo y entre éstos fincas de belleza comparable con las de Zarcero, Costa Rica pero mucho mucho más extensas o bosques de eucaliptos, tan altos, que te permiten adentrarte en el bosque a simple vista desde la carretera.

El único punto negativo, que nos entristeció y que posteriormente nos hizo poner más atención mientras conducíamos fue la gran cantidad de animales muertos que se podían observar en la carretera o a orillas de ésta.

Acercándose el medio día y ante la necesidad de calmar el hambre nos detuvimos a orillas de un lago. Luego de manejar por 350 km por angostas carreteras en perfecto estado, al aparcar el auto, pudimos descubrir un lago sin olas que hace que el agua parezca un espejo y que el silencio te parezca extraño. Ahí pudimos tener un almuerzo tranquilo con la comida que habíamos comprado en el primer supermercado que pudimos encontrar para luego continuar nuestro viaje adentrándonos en las profundidades rurales de la isla.

Posterior a esto, la muy despoblada isla se torna aún más despoblada justo cuando se puede leer un rótulo que anuncia que el siguiente pueblo o la siguiente gasolinera se encuentran a 100 km de distancia para lo cual es necesario atravesar extensos bosques donde la única muestra de civilización visible es, de vez en cuando, un apiario descuidado.

Justo cuando iniciaba el atardecer llegamos a nuestro destino un recomendadísimo hotel justo en el Parque Nacional Cradle Mountain (Cradle Mountain Hotel https://www.cradlemountainhotel.com.au/) .

La sorpresa, justo cuando llegamos a nuestra habitación con vista hacia el bosque, fue ver unos matojos moviéndose y salir de estos a un par de simpáticos Wallabies, una especie de marsupial parecido al canguro, justo al pie de nuestro balcón. Nuestro primer contacto cercano con la naturaleza animal de la isla.

Luego nos enteramos que llegamos en el momento justo en que se pueden ver éstos animales, pues como quien les escribe, tienen la particularidad de no ser animales a los que les gusta madrugar, sino que, al igual que los canguros y otros animales de la isla, más bien es al atardecer que comienza su día y son posibles de observar fácilmente.

Para nuestro asombro, éstos marsupiales eran extrañamente dóciles y nos permitieron acercarnos para fotografiarlos a una distancia bastante razonable.

Día 2: Cradle Mountain

Nuestro segundo día en Tasmania inició con una caminata por el Parque Nacional, aclaro que desde un comienzo nuestra intención no era escalar el Cradle Mountain pero sí adentrarnos un poco en el parque, observar la montaña de cerca y poder fotografiar algunos animales que pudiéramos observar. Al final del día pudimos cumplir todos nuestros objetivos.

Iniciamos la caminata con un poco de lluvia, pero para nuestro beneficio el día mejoró conforme avanzaba, pasando por varios lagos en el camino, hasta alcanzar la cima de nuestro recorrido en Marions Lookout desde donde se podía observar a nuestros pies todo el lago Dove y a nuestra derecha un magnífico primer plano de la famosa Cradle Mountain.

Hasta ese momento no habíamos podido ver a ningún animal dentro del parque pero sabíamos que en algún momento aparecerían debido a la gran cantidad de rastros de eses de Wombat que podíamos observar, fácilmente reconocibles debido a la curiosidad que son de forma cúbica. Sí, caca cúbica.

Habiendo bajado de la montaña unas tres horas después de haber iniciado nuestro ascenso y casi resignados por no haber podido ver ese día fauna propia del parque, fue cuando casi de sorpresa, en la planicie de Ronny Creek pudimos observar a nuestro primer Wombat cara a cara.

Tan dócil como los Wallabies, tan pronto como dejamos a éste, pudimos observar a muchos más, en total unos veinte pastando tranquilamente en éste lugar, los cuales, ignorándonos del todo, nos dejaban acercarnos lo suficiente como para hacer unas buenas fotografías.

Fue nuestro animal favorito por unos días hasta que, días después, en Australia continental pudimos conocer a un primo cercano de éste, al Koala. Por lo pronto, enamorados de éstos amistosos Wombats por lo peludos, tranquilos y gordos que los encontramos pudimos salir del parque con nuestro objetivo cumplido.

Saliendo del parque teníamos reservado una cita para encontrarnos con el ícono de la isla, el famoso Demonio de Tasmania en un santuario dedicado a la protección de éstos animales en peligro de extinción y recientemente más amenazados por un cáncer facial contagioso que está poniendo en aprietos los esfuerzos conservacionistas de ésta especie.

Conociendo personalmente a este animal pudimos enterarnos de los retos que afrontan ésta y otras especies de marsupiales del continente.

Luego de esto salimos nuevamente a la carretera con destino a Coles Bay que se encuentra situado muy cerca del segundo punto de nuestra lista de los tres puntos más interesantes de Tasmania.

Día 3: Freycinet National Park y Wineglass Bay

Nuestro tercer día lo iniciamos en un pequeño pueblo costero llamado Coles Bay situado junto al Parque Nacional Freycinet que es donde se encuentra Wineglass Bay nuestro destino de ese día.

Luego de desayunar en un café local, llegamos hasta el Parque Nacional donde te explican cómo llegar hasta la bahía pasando antes a visitar el faro del Cabo Tourville al que se puede llegar en auto y admirar las vistas de los acantilados sobre los que se construyó este faro.

Luego de esto es necesario dirigirse hasta un estacionamiento que se encuentra al pie de la montaña donde se encuentra el mirador de Wineglass Bay y que es necesario subir para llegar hasta ésta bahía. Un sendero bien demarcado muestra la ruta entre la montaña antes de llegar a éste mirador donde se nos presenta una vista de la bahía que estábamos a punto de conocer, luego de un descenso abrupto escalón tras escalón tras de los cuales se llega hasta la playa.

Es difícil, a éstas alturas del siglo XXI, en el mundo ubicar lugares con playas de tal calidad de limpieza, arenas blancas, sin presencia humana más que las huellas en la playa de algún turista que pasara algún tiempo antes por la misma ruta.

Teníamos una playa, una bahía inmensa reservada solo para nosotros dos, las gaviotas y las cacatúas fúnebres, nombre real suponemos que por encontrarse vestidas de luto, que teníamos a nuestras espaldas, donde terminaba la arena y empezaba el páramo que continuaba más allá. En la arena se podían ver conchas grandes, como las que ya no se consiguen ver en las playas más frecuentadas por turistas buscando su souvenir y huellas de una pareja de canguros que seguramente habían pasado por ahí la noche anterior.

Era el sueño de todo ermitaño que extraña el mar o de aquellos, como nosotros, citadinos, que buscan alejarse de la urbe en un paraíso lejano.

Luego de un almuerzo en la playa, acompañados de la mendicidad de un par de gaviotas que seguramente ya conocían el sabor del pan y ante la visible inminencia de algún tipo de lluvia que parecía anunciarse de entre las montañas decidimos dejar aquel lugar y comenzar nuestro regreso subiendo aquella montaña que no nos había costado bajar pero se decía que era uno de los ascensos más difíciles de Tasmania.

Al llegar al estacionamiento donde se encontraba nuestro automóvil fuimos recibidos por un par de Wallabies que salían del bosques a emprender su rutinario pastoreo, posiblemente el más simpático que conocimos hasta ese momento pues parecía estar acostumbrado a las caricias humanas.

Finalmente emprendimos nuestro viaje que nos iba a llevar entre algunos viñedos hasta Tribuanna donde al día siguiente tomaríamos un ferry hasta María Island, el último destino importante en la isla dentro de nuestro itinerario.

Día 4: Port Arthur

Al amanecer de ese jueves, por lo que habíamos revisado la noche anterior, suponíamos que nuestros planes no saldrían del todo como los habíamos dispuesto, nos levantamos para ir a tomar el ferry pero tal y como lo supusimos llegamos hasta el puerto solo para confirmar que en invierno el ferry no trabaja ni martes ni jueves.

María Island:

Es un parque nacional en una isla, patrimonio de la humanidad de la UNESCO, con impresionantes escenarios, acantilados y playas en donde se pueden observar canguros, wombats, wallabies y demonios de Tasmania que fueron reintroducidos en la isla de forma segura. Lamentablemente nosotros nos la perdimos pero esperamos que no les suceda a ustedes lo mismo.

Tip #1: Confirmar su itinerario de viaje antes de salir.

Con la ventaja que teníamos un medio de transporte automotor a nuestra disposición y que nos encontrábamos ya cerca de Hobart, la capital de isla, decidimos intentar conocer las zonas aledañas así que nos dirigimos hacia Port Arthur y Remarkable Cave.

Port Arthur resulta ser un museo al aire libre siendo parte de los sitios australiamos de presidios y Patrimonio de la Humanidad y Remarkable Cave resulta ser un túnel natural formado por el océano que desemboca en una pequeña playa escondida ambos dignos de visitar únicamente si les sobra un día en Tasmania.

Posterior a esto pasamos a visitar Richmond, que es un pueblo colonial cerca del aeropuerto. Aquí se pueden encontrar con un puente del siglo XVI y algunas bonitas construcciones pueblerinas, así como algunos cafés y viñedos que se pueden visitar.

Para rematar la tarde antes de llegar al aeropuerto decidimos dar una vuelta por la ciudad capital, Hobart, que es una urbe pequeña pero moderna sin embargo tal y como lo habíamos planeado no encontramos ninguna razón para quedarnos en la capital más de unos minutos, la belleza de Tasmania no se encuentra en su ciudad.

Comentarios de Facebook

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Gracias Carlos. Disfruté cada palabra. Lindisimo!!!

Con mucho Ana Ju. Que bueno que lo hayás disfrutado!

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