3460 14th St NW, Washington, D.C., 20010, United States
Sendero de los Apalaches: Roanoke, USA
Sendero de los
Montes Apalaches
Una de las caminatas más duras de mi vida pero las vistas valieron la pena. 

Algunos de ustedes habrán visto la película “Un paseo por el bosque/Grandes amigos” o en inglés “A walk in the woods” con Robert Redford. Esta película se desarrolla justamente en el escenario de ésta historia: El sendero de los Montes Apalaches.

Es un trillo de 3.000 millas que recorre de norte a sur el este de los Estados Unidos y es considerado una de las grandes rutas de senderísmo del mundo. Obviamente nosotros no recorrimos las 3.000 millas de longitud que éste sendero comprende pero los invitamos a conocer ésta pequeña aventura de tres días por una de las partes más famosas de éste sendero con nosotros.

Todo empezó cuando traje a Lola, mi border collie a los Estados Unidos y empecé a pensar en alguna aventura a la que la pudiera llevar. Viviendo en Washington DC, éste sendero queda sumamente cerca así que decidí invitar a Pablo Carvajal  para que nos acompañara y así, no recorrer ésta aventura solo.

Habiendonos informado un poco sobre éste sendero decidimos irnos hasta Roanoke, Virginia, a 3 horas de Washington, para recorrer una parte de éste sendero que contenía la mayor concentración de vistas y atracciones de la región.

Sin sospechar la dificultad de la caminata iniciamos nuestro recorrido, planeado para tres días, con mochila al hombro y todas las provisiones necesarias para la ocasión en el Appalachian Trail Parking de Roanoke Road. Adentrándonos en la montaña a los minutos iniciamos la escalada de la montaña que nos llevaría hacia Hay Rock.

Al terminar dicho ascenso se comienzan a abrir ante nosotros vistas my agradables del Carvins Cove Reservoir de los valles vecinos. En este momento uno tiende a pensar -“Que bien ya estamos en la cima, las vistas valen la pena y no nos costó tanto”-, el problema se presenta un poco más adelante cuando uno empieza a comprender que se llega a la cima habiendo recorrido apenas 3 millas, que aún hacen falta 10 millas entre ascenso y descenso en las cimas de las montañas para llegar al primer campamento disponible y que una vez en éste camino no hay otras salidas. Lo bueno es que, en éste punto, únicamente teníamos dos opciones o devolvernos, lo cual nunca fue opción, o contniuar.

Luego de haber almorzado un buen MRE (Meal Ready to Eat) del ejército estadounidense que trajo mi amigo Pablo, que es militar en una de éstas cimas continuamos nuestro camino hacia Lambert Meadow, el próximo campamento, y ahí es, cuando uno vuelve a cargar la mochila, que nota que los hombros ya se encuentran resentidos.

Aún así, la montaña y sus vistas de las rocas expuestas, de valles lejanos y de los viñedos de Shenandoah Valley a nuestros pies, valían la pena. Entre más nos adentrábamos en la montaña menos señal de celular teníamos y más alejados de la civilización nos encontrabamos, en medio de un bosque que sin arbustos bajos te permite ver la orografía de la tierra.

Mientras nosotros sudábamos como nunca antes, Lola estaba en su charco, siempre a la delantera, aún no entiendo cómo hacía para siempre ir por el camino correcto, me imagino que guiada por el olor de otros caminantes anteriores. Al final de esa tarde, una lluvia ya esperada por el pronóstico del tiempo, nos refrescó en un primer instante, nos empapó al siguiente pero nos ayudó a apurar el paso hasta el campamento de esa noche donde nos sumamos a otros grupos de caminantes que habían llegado antes.

Con la mitad de nuestras cosas y nuestra carga mojadas, decidimos no abrir la tienda de campaña que llevabamos sino dormir bajo un techo con tres paredes, sin electricidad ni señal de celular, que nos ofrecía el campamento luego de bañarnos en repelente de mosquitos en cuanto se ocultaba el sol de ese día.

A la mañana siguiente, sabiéndonos a la mitad del recorrido, luego del desayuno y sin lugar para poder bañarnos reiniciamos el camino. Con los hombros y espalda resentidos por el  peso cargado el día anterior y que teníamos que seguir llevando, nos dirigimos hacia las que fueron las mejores vistas de toda la parte del sendero, Tinker Cliffs y McAfee Knob. El McAfee Knob es la piedra sobre la que sale la publicidad de la película que mencionamos, pero sinceramente me pareció mejor Tinker Cliffs ya que son promontorios más amplios pero no se puede negar que la vista de ambos lugares es espectacular.

Finalmente decidimos terminar el recorrido al finalizar ese día cuando encontramos la salida a la carretera en McAfee Knob Trailhead, veintitantas millas después de haber iniciado el sendero ya que los caminantes inexpertos que éramos adolesciamos de un severo dolor dorsal.

Cuando visitamos el monte Fuji, aprendimos un proverbio japonés de la zona que dice que: “Un hombre sabio sube al Monte Fuji una vez en su vida, sólo un necio lo sube dos veces.” Aplicaría algo parecido para ésta aventura, el sendero surcado se lo recomendaría a todos para que lo hagan una vez en su vida, pero yo no lo volvería a hacer a menos que alguna vez en la vida me decida a recorrer las 3.000 millas del sendero de los apalaches completo.

Si alguno se decide a hacerlo, les puedo decir que es una aventura altamente recomendable siempre y cuando: lleven el menor peso posible y el calzado más cómodo que encuentren. Aparte de eso no deben olvidar tienda de campaña, bolsa de dormir, filtro de agua, provisiones suficientes, repelente para mosquitos, mucha actitud y recordar que todo gran camino empieza con un primer paso.

*Lola la pasó increiblemente bien y nos ganó a todos en actitud y en fortaleza física, pero no deben llevar a su perro a menos que estén totalmente seguros que soporta caminatas de 10 millas al día en promedio.

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