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Que la desesperanza no nos nuble la razón

Entiendo que en tiempos de desesperanza y frustración la sociedad costarricense quiera un caudillo, un líder que dé soluciones inmediatas a los problemas que percibe. Cuando la institucionalidad costarricense se encuentra debilitada, los acuerdos en nuestra asamblea legislativa casi imposibles de conseguir debido a su fraccionamiento, un poder ejecutivo que se encuentra imposibilitado de ofrecer soluciones rápidas a los problemas que más afectan a los ciudadanos y con el estigma de la corrupción que afecta la credibilidad de los políticos tradicionales, entiendo que el costarricense quiera un cambio. Entiendo que quiera un rostro nuevo, que haya estado poco involucrado en política y que ofrezca las soluciones que queremos escuchar. Pero cuando esa frustración y esa desesperanza se imponen sobre nuestra racionalidad para tomar las decisiones adecuadas, eso no lo puedo entender, por la misma razón que no puedo entender que el hígado se imponga sobre el cerebro cuando se trata del futuro del país.

Al final de la República de Weimar, en 1933, luego de años de una severa crisis económica producida en Alemania en parte producto de la firma del Tratado de Versalles, con inflación y desempleo crecientes, un conflicto de clases, diversas luchas por el poder político y divergencias ideológicas entre los partidos comunistas, socialistas, nacionalistas y liberales que dificultaban el consenso sobre el futuro de la gran república germánica, entre la desesperanza del pueblo alemán surge un populista que sabía externar un discurso lleno de soluciones que el pueblo requería, se impuso la frustración, como se ha impuesto siempre que se han elegido a los tiranos más desastrosos de la historia de la humanidad, y el pueblo alemán le otorga su cuota de poder a un señor de apellido Hitler. En las mismas circunstancias surge en Italia el señor Mussolini y más recientemente en latinoamérica Hugo Chaves y la seguidilla de líderes populistas de izquierda que se han sabido aprovechar de la vulnerabilidad del pueblo en los momentos más aciagos de su historia, en los que con un discurso que promete acabar con la corrupción han terminado acabando con la comida.

Estados Unidos inclusive, la primera potencia mundial, se encuentra en éste momento sufriendo las consecuencias de una de esas decisiones en donde la empatía entre los odios comunes en lugar de la coincidencia de razones y argumentos ha llevado al pueblo a elegir un líder bastante cuestionable como lo es el señor Trump, ejemplo perfecto de la imposición del hígado sobre el cerebro, nada difícil de esperar cuando no se tiene a donde recurrir cranealmente hablando.

Costa Rica en éste momento se encuentra en uno de esos momentos en los que el desencanto, la desilusión y la decepción ante el panorama político que nos ha precedido y contra el que nos enfrentamos nos puede llevar a tomar esas decisiones equivocadas que llevarían a nuestro pueblo sin lugar a dudas a una encrucijada con un posible desenlace dramático.

Los costarricenses se encuentran hoy en día y a un par de semanas de tener que tomar ésta decisión transcendental, de acuerdo con la última encuesta de la UCR, decidiendo entre un fundamentalista religioso y una suerte de dictadorzuelo de corte fascista que pretende en menos de un año silenciar un medio de prensa.

Costarricenses, a pesar del desaliento y la frustración no es el momento de tomar decisiones a la ligera, ni dejarse llevar por un discurso monotemático basado en la religión o populista a cual más de los dos irracionales, si no de pensar en realidad cual es el candidato que más le conviene a Costa Rica.

Mucho respeto siento por las personas que se encuentran en desacuerdo con la resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos o las personas que se encuentran hartas de la corrupción, pero ni lo uno ni lo otro, discursos en los que se basan respectiva y mayoritariamente los dos candidatos a los que hago alusión, pueden ser el centro de toda racionalización sobre la decisión electoral.

No he pretendido ni intentado decirle por quien votar, eso lo decidirá usted, pero desde mi humilde opinión tengo claro por quien no votar.

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